Monday, August 17, 2009

Un Amor Sin Igual




This post is written in Spanish

Decidí encuadernar las cartas de Jeanine y yo que nos escribimos durante nuestro noviazgo cuando ella tuvo que regresar a Nicaragua y yo me quedé en California. Estábamos separados por un año. Escribí esta historia acerca de nuestro noviazgo y la puse enfrente de las cartas para que todos pudieran conocer la historia de nuestro amor.

Recuerdo cuán difícil fue en despedirnos en el aeropuerto. Las preguntas que pasaban por la mente, "¿Me esperaría ella?" "¿La esperaría yo?" Las preguntas que pasaban por la mente. "¿Podríamos perdernos uno al otro a la circunstancia?" Había las inseguridades, la naturaleza humana y una de cien cosas que pudieran pasar. Recuerdo cuando regresé a casa del aeropuerto de San Francisco en agosto de 1976. Entré en la casa vacía. Fui a mi dormitorio, encendí mi música y me puse a pensar en el último año y medio que habíamos pasado juntos. Recogí una caja de fotos que había tomado de Jeanine y yo, y empecé a escudriñarlas. Al rato, llegó mi mama, y entró en mi cuarto y me preguntó cómo estaba. La miré con lágrimas en los ojos y le respondí con dos palabras, "se fue."

Después de un año y medio ya no estaba. Aquí, les cuento esa historia, una historia de dos jóvenes enamorados, una historia que demostró lo profundo que fue el amor entre dos personas de dos mundos diferentes, y como, a pesar de un año de separación, y a pesar de lo que decía la gente, ese amor no solo sobrevivió sino creció más fuerte con cada nuevo amanecer.

Nuestro comienzo

La vida tiene sus momentos, esos instantes indefinibles de gozo y de alegría que vienen y se van con un abrir y cerrar de ojos. Si solo pudiéramos congelar el tiempo y mantener esos sentimientos y esos pensamientos con nosotros.

Nosotros tuvimos tal momento.

Fue a principios de los 70s. La guerra de Vietnam acabó. Debido a Roe v Wade, el aborto se legalizó. Los países árabes productores de petróleo embargaron el suministro de crudo a estados unidos y recortaron su producción – se formaron largas filas en las gasolineras. El "World Trade Center" fue terminado a un costo de 750 millones de dólares. Nixon dimitió en desgracia debido al escándalo de "Watergate." La bolsa se devaluó un 40%. La música disco estaba de moda. Fue el momento de nuestra juventud.

Estaba en mi segundo año en la universidad de West Valley. Mi carrera que estudiaba era en ese entonces el español, aunque más tarde, la cambié a contabilidad. Sin embargo, el español fue mi pasión y me interesaba cualquier actividad extracurricular que me ayudara a desarrollar mis estudios hispánicos. Me inscribí a una organización llamada ICSA, la asociación para los estudiantes extranjeros en West Valley College.

Durante los tres años que estuve en West Valley College, hice muy buenos amigos por medio de ICSA. Siempre estábamos juntos en alguna forma u otra. Tuvimos fiestas, picnics, presentaciones de los estudiantes extranjeros para la universidad. Siempre parecía que andábamos juntos. Durante los almuerzos o durante los descansos entre las clases, nos reuníamos en la cafetería donde comíamos juntos y platicábamos. Fue por medio de esta organización donde conocí a Jeanine.

La razón por la cual menciono esta organización es porque fue una mayor parte de mi vida durante esa parte de mi carrera académica, y fue por medio de ICSA que la conocí. Me refiero, por supuesto, a mi otra mitad, la mujer con quien me iba a casar. Obviamente, no lo sabía en ese entonces, pero con el tiempo los dos lo sabríamos.

Había tantas cualidades en ella que me atraían. Su nombre era Jeanine y estaba aquí en una visa de estudiante. Mientras asistía a la universidad, ella podía residir legalmente en los Estados Unidos. Sin embargo, cuando se terminaran sus estudios, se tenía que regresar a su país porque se vencería su visa.

Al principio, no hubo nada especial con nuestra relación. En realidad, no teníamos una relación. Me juntaba con ella en la cafetería cuando la veía con otros miembros del grupo. Yo le decía chistes, y jugábamos juegos de adolescentes. Yo le contaba de mis miles amores y travesuras. Todo esto, por supuesto, fue en broma. Y fue nuestro comienzo.

Un Dilema

En diciembre una amiga del grupo tuvo una fiesta en su apartamento. Jeanine y yo fuimos. Mientras estaba sentado en la fiesta llena de los estudiantes de ICSA, saboreando una cerveza, la miré. Ella era encantadora y tenía una dulce sonrisa. Mientras reía y se divertía con los otros allí, noté algo diferente en ella; algo que no puedo explicar en palabras. Esa noche, sabía que mis sentimientos por ella nunca serían lo mismo. No pude dejar de mirarla. Me di cuenta que mis sentimientos por Jeanine llegaban a ser más que platónicos. Se me presentaba un dilema – previamente, tuvimos una amistad frívola y acomodadiza. Por el último año y medio, nuestra relación había sido una de diversión y jugar juegos. Estaba listo ahora a llevarla a un nivel más serio. No estaba seguro como resolver este problema.

La manera más fácil, pensaba yo, sería hablar con Melba, la amiga más allegada a Jeanine. Melba es de Cuba, y sigue siendo una buena amiga de nosotros. Ella fue instrumental en ayudarme con la relación con Jeanine. Le dije a Melba que quería salir con Jeanine. Melba le preguntó a Jeanine si saldría conmigo, y Jeanine dijo que sí. Me doy cuenta que esta clase de comportamiento es como la de un niño en una primaria, pero ¡Qué más da! – salió bien.

La Carta

Jeanine y yo salimos en nuestra primera cita en marzo. Fuimos en una doble cita con otra pareja a "El Gordo's", un restaurante mexicano en el casco antiguo de Los Gatos. Después fuimos a una película titulada "Lenny."

La película que vimos en nuestra primera cita como pareja pudo haber sido la peor película que jamás había visto en mi vida. No solamente era en blanco y negro sino que se trataba de un comediante que usaba lenguaje grosero para decir sus chistes. Los chistes no eran cómicos, y sólo me puedo imaginar lo que pensaba Jeanine ya que siendo nicaragüense, lo más probable, fue que ella no entendía el humor norteamericano. Mi amigo y yo sólo nos miramos como para decir, "¿Qué es lo que estamos haciendo aquí?" No fue la película ideal de una primera cita, y sólo esperaba que no dejara una impresión perdurable en Jeanine.

Al mes siguiente, tuve una fiesta en mi casa para estudiantes extranjeros. Yo tuve muchas fiestas para estudiantes extranjeros en mi casa durante mis años de la secundaria y de la universidad.

Bailé con Jeanine esa noche a una canción suave que se tocaba. Era uno de esos momentos eternos. Jeanine parecía diferente al momento que la vi; su belleza brillaba. Mis mejillas frotaban contra las suyas, y podía sentir la suavidad de su piel con la mía. El olor familiar y fragante de su perfume francés, Fidji penetraba su cabello negro, liso y largo. Pudiera haber permanecido en esa posición toda la noche.

La música cambió a una canción movida, una cumbia pero Jeanine y yo seguimos bailando a nuestro propio ritmo lento. De pronto, alguien apagó la música y Jeanine y yo todavía seguimos bailando a nuestro ritmo lento.

"Se apagó la música" dijo Jeanine en una voz suave contra mis hombros.

Yo la miré y sonreí, "¿de veras?, pero todavía la puedo escuchar." Jeanine me devolvió una sonrisa y me dijo tiernamente "¡qué risita!" Palabras así guardadas en un momento eterno nunca se olvidan. Seguimos bailando. Éste fue el comienzo de un cambio en nuestras relaciones.

Sin embargo, todo no fue como un cuento de hadas. Hubo muchos obstáculos y temores que tuvimos que superar. Jeanine era de Nicaragua. Ella luchaba con nuestra relación y a veces me eludía, porque estaba confusa, y tenía miedo de enamorarse de un americano. Eventualmente, ella sabía que tendría que regresar a su país.

Dos meces después de nuestra primera cita, Jeanine planeaba unas vacaciones a Nicaragua y yo iba a tomar unas vacaciones a España para visitar a algunos amigos que había conocido allá cuando estuve en Segovia. También iba a ver a una chica con quien salía en mi último viaje.

Unas dos semanas antes de mi salida, Jeanine se portaba bien extraña. Por fin, un día fui a la biblioteca donde ella estudiaba con unas amigas suyas. Encontré a Jeanine con un grupo de amigas en uno de los salones insonorizados de la biblioteca. Cuando abrí la puerta, Jeanine me miró con asombro y le dije,

    "Necesito hablar contigo."

Jeanine me siguió y nos sentamos en una mesa cercana. Me fijé que sus amigas nos quedaban mirando desde el salón insonorizado. No recuerdo la conversación – sólo recuerdo el momento – otro momento en el tiempo que no se olvida.

Y allí, entre los estantes cargados de los tomos polvorientos de enciclopedias y diccionarios surtidos, rompimos nuestras relaciones. Jeanine suponía que ya que yo me iba para España y ella se iba para Nicaragua, no tenía ningún objeto seguir esta relación. Después de nuestra conversación, Jeanine se puso de pie y volvió al salón insonorizado. A medida que cerraba la puerta detrás de ella, la vi sentarse. Siguió estudiando con sus amigas. Me quedé sentado por un momento y sólo las miraba. Los labios se movían – pero no salía ningún sonido; una quietud y tranquilidad extraña me llenaba. Me puse de pie y salí de la biblioteca.

El avión aterrizó en Zurich, Suiza el 17 de mayo, y cogí un tren rumbo a Madrid, España. Cuando llegué a Madrid, eran las 11:00 p.m., pero no había cambiado nada de mi dinero a pesetas, la moneda corriente de España, (como dicen en España - no tenía ni un duro) por eso tuve que deambular por las calles oscuras toda la noche hasta que se abrieran los bancos.

De Madrid, cogí el tren de dos horas a Segovia, y me encontré con Alicia en la estación ferroviaria. Por los dos últimos años, Alicia y yo nos escribimos fielmente. Ahora, tenía la oportunidad de ver si los sentimientos que en un tiempo tuvimos el uno por el otro, todavía existían entre nosotros.

Alicia era muy amable pero al mismo tiempo, se comportaba muy fríamente. Yo tenía el presentimiento que todo iba a ser diferente.

Alicia me encontró un lugar donde me podía hospedar, una pensión durante mi estancia en Segovia. Una señora solitaria de mayor edad era la propietaria de la pensión. Ya no la alquilaba debido a ciertas tragedias que le habían sobrevenido durante su vida. Me alquiló un cuarto por un precio muy barato como un favor a Alicia. No hubo mucho que hacer durante el día en Segovia ya que era una ciudad muy pequeña. Así muy a menudo me encontraba en una de las varias terrazas salpicadas por la ciudad de Segovia tomando zumos de naranja o una caña esperando a Alicia.

Unos dos días después de mi llegada, nos encontramos en El Bar Showking, una terraza ubicada en la plaza de Azoquejo, una de las dos plazas más populares en Segovia. Ella quiso dar un paseo. Paseamos detrás del alcázar famoso de Segovia, el cual se usó en la película de Camelot (1967) con Richard Harris y como el diseño del castillo en "Disneyworld." Nos paseamos entre los árboles detrás del alcázar, el lugar que se usó como el bosque encantado de "Camelot." Descansamos sentados en un banco y meditamos con quietud sobre nuestro pasado. Las hojas de los árboles revoloteaban en la brisa, y el sol brillante segoviano titilaba entre el follaje encima de nosotros. De vez en cuando, una ráfaga de viento se llevaba las hojas y las dispersaba cerca del banco donde nos sentamos.

Mientras estábamos sentados, Alicia me miró. Ya me imaginaba lo que ella pensaba.

    "¿Quieres saber por qué me he estado comportando en forma tan extraña?"

     No dije nada; sólo esperaba para ver si respondería sin una respuesta directa a su pregunta.

     Continuó, "Cuando te fuiste la última vez, fue muy difícil para mí.

Sólo escuché. En realidad, no sabía que decir.

La cara se puso muy suave, "¿Me…..quieres besar?" preguntó con una cara tierna y vulnerable. Yo incliné la cabeza y nos besamos. Creo que los dos sabíamos que éste era un beso de despedida, un memorial a la relación que se había acabado entre nosotros.

La próxima noche, esperaba a Alicia en una de las discotecas de Segovia. Cuando ella entró, me entregó una carta que había recibido en el correo para mí (usé la dirección de Alicia para mi correo.) Fue una carta que tanto esperaba, de Jeanine. Con las manos temblorosas, leí la carta, y al final Jeanine escribió

"Marcos, yo creo que ya me despido, ya es un poco tarde casi la 1:30 de la mañana ya que voy tan dormilona, estos días me he estado durmiendo tarde, no sé porque. Antes de terminar, quiero decirte algo, sabes, te he extrañado bastante y pensado en ti. No sé si a ti habrá pasado lo mismo por lo que estás tan bien acompañado y tú sabes a quién me refiero. Pero, espero que aunque sigas con Alicia tan siquiera me escribas."

Mientras leía esas palabras, Alicia notó un cambio en mi cara, y con la intuición de una mujer, preguntó si era otra chica. Le enseñé la carta. Fue por esa carta, que me decidí a renovar mis relaciones con Jeanine.

La próxima semana cuando me fui de Segovia, recorrí por tres semanas Europa por tren y pidiendo autostop. No tenía mucho dinero, por eso me dormía en los trenes, o afuera, o en los hostales para estudiantes, y en las mañanas, les pagaba a los hoteles dinero equivalente alrededor de 20 centavos para poder bañarme. Me crecí la barba, porque era demasiado difícil afeitarme especialmente cuando no se encontraba agua caliente. Por cierto vivía una vida bohemia. Le mandé a Jeanine una postal de cada ciudad que visité. Sus papás se maravillaban a la cantidad de postales que le mandaba este gringo. Regresé a los Estados Unidos el 15 de julio, pero tuve que esperar un mes para que regresara Jeanine de Nicaragua.

Al mes siguiente, fui a otra fiesta con miembros de ICSA, porque sabía que Jeanine iba a estar allí. Yo estaba sentado en un lado de la sala y Jeanine estaba sentada en otro lado. Cada uno de nosotros estábamos hablando con un grupo distinto. Al rato, Jeanine levantó los ojos y me miró y yo la miré. Nos quedamos mirando y Jeanine se levantó de donde ella estaba sentada, se arrimó y se sentó junto a mí. La miré y podía ver en sus ojos esas inseguridades y esa confusión que aparentaban decir, "¿Debemos estar haciendo esto?" Le cogí de la mano y la apreté como para decir, "Sí, está bien." Nada se había resuelto, pero por el momento, todo estaba bien.

Jeanine y yo estábamos juntos otra vez. Éste fue el comienzo de un nuevo principio. Todavía había veces en que Jeanine estaba indecisa, porque todavía no sabíamos que podía pasar con esta relación. ¿Qué pasaría cuando al final se regresaba a Nicaragua? Y yo nunca le dije muy claramente mis sentimientos hacia ella. Pero ahora yo estaba decidido.

Nos estábamos enamorando.

Un nuevo principio

Desde ese día en adelante, atesoraba cada momento que pasé con Jeanine. El día de los enamorados llegó y Jeanine me regaló un perrito, (un juguete), el cual mantenía en mi tablero de instrumentos de mi coche. Este perrito es el tema en muchas de las cartas, porque Jeanine siempre trataba de quitármelo; fue un juego que jugábamos.

A Jeanine le encantaba sus jueguitos, como cambiar todos los canales de mi radio en el coche, pero esto fue parte de la diversión con ella. A veces, manejamos por El Camino Real, una calle muy larga, sin destino alguno. Ella me preguntaba que para donde íbamos, y yo le respondía, "Te voy a enseñar tu casita que te compré con una piscina, con unas sirvientas, y con un Mercedes-Benz." Pero nunca encontramos la casita.

En mayo, le compré un anillo de promesa, porque no quería comprarle un anillo de compromiso si no lo iba a aceptar, (yo era muy tacaño en esos días.) La llevé a un restaurante local en Los Gatos y pedimos un aperitivo de hongos antes de la comida. Es allí donde le di el anillo de promesa. Jeanine empezó a llorar, y por el hecho que estaba tan nerviosa se comió el plato entero de hongos y el plato no era muy pequeño.

Cuando llegó a su casa esa noche, le enseñó el anillo a su familia americana y le preguntaron si estaba comprometida. Jeanine no sabía, porque dijo que yo nunca hablaba muy claro con ella. Al día siguiente cuando fui a recogerla, me dijo lo que le preguntaron y yo le respondí, "diles que sí."

Un mes después, salimos Jeanine y yo a un autocine. Es un misterio el nombre de la película, pero no fue como si la viéramos de todas maneras. Llovía a cántaros y estaban anubladas las ventanas, pero eso nos tenía sin cuidado. Brindamos esa noche sombría con dos botellas de champagne. Me acosté en su regazo, y contemplé su cara tan bella.

"Pronto, te vas", le dije. Ella inclinaba la cabeza como para decir, "yo sé." Nos mirábamos con fijeza por varios minutos; fue una eternidad envuelta en otro momento. Podía yo sentir palpitar mi corazón como si quisiera saltar de mi cuerpo.

Por fin salieron las palabras

"¿Me esperarás?" Me miró y sin vacilar dijo "sí." En ese momento, parecía que desaparecieron todas mis inseguridades. Sabía que era mía.

Unos días después, le compré un anillo de compromiso en una cajita negra. La llamé por teléfono del hospital (donde trabajaba) y en medio de la conversación, le dije,

"Compré algo hoy"

"¿Qué? Me inquirió

"Está en una cajita negra."

"¿Qué es?"

"No te puedo decir."

Me encantaba jugar con ella estos juegos, porque era más divertido dejarla en suspenso. Ella persistía en sus molestias, tratando de averiguar lo que había comprado

Varios días después, fui a su casa a recogerla. Antes de tener la oportunidad de arrancar el coche, Jeanine dijo,

"Pues…."

"¿Pues qué?" le contesté simulando no saber de lo que estaba hablando.

"¿Y la cajita?"

Sólo me quedé sentado y le respondí y le sonreí por varios momentos. Nos quedamos sentados en la quietud de la noche. La miré y noté que la luz de la luna proyectó una sombra en ella e hizo aún más radiante su belleza más que lo general. Sus ojos me miraban y ella sonreía. Me imaginé que ahora era el momento. Nerviosamente, me puse las manos en el bolsillo de mi camisa y traté de buscar torpemente la cajita negra. La saqué y la abrí. En la cajita, estaba el anillo de compromiso. Cuidadosamente, Jeanine sacó el anillo de la cajita.

Jeanine quedó mirando el anillo. De repente, ella empezó a pensar que pronto íbamos a tener que despedirnos. Ella dejó de sonreír y se puso a llorar.

"Por qué uno nunca puede ser feliz?" Preguntó con los ojos húmedos de lágrimas.

No dije nada. Entendí lo que quería decir

"¡Ponémelo!" dijo con su acento nicaragüense.

Le tomé el anillo de su mano, y se lo puse en el dedo. Ella me quitó los anteojos como siempre solía hacer y nos besamos.

Jeanine me enseñó la mano con el anillo. Miré la mano y la cogí con incertidumbre, porque sabía que el tiempo de nuestra despedida se aproximaba rápidamente y me preocupó. Se nos acababa el tiempo.

En julio, Jeanine iba a tomar unas vacaciones de tres semanas junto con su familia americana a Wyoming. Los viernes en las noches siempre había un buen conjunto que tocaba en el "Holiday Inn", por eso unos miembros de ICSA decidieron reunirse en el "Holiday Inn" para darle una fiesta de despedida, porque después del viaje a Wyoming iba a regresar a su país. Temía nuestra separación venidera.

Pasé a recoger a Jeanine a llevarla al "Holiday Inn." No dijimos mucho rumbo al hotel, porque ambos comprendíamos el dolor que existía entre nosotros. Al llegar al estacionamiento del Holiday Inn, Jeanine dijo, "dobla aquí" – así doblé y me estacioné en un parqueo que no era del Holiday Inn. Sólo nos quedamos sentados allí por un minuto sólo escuchando el murmullo del motor. Apagué el motor y empecé a sentir algo adentro, y todas las inseguridades que sentía antes, empecé a sentir de nuevo. Volví la cabeza, le cogí de la mano y la abracé. No la quería soltar. Quería que este momento permaneciera para siempre. Si fuéramos al Holiday Inn, sería el fin. Ella me dejaría y el futuro sería incierto. No podíamos despedirnos todavía; eso sería demasiado final. No me importaba quien estaba en el "Holiday Inn." Yo quería a Jeanine para mí mismo.

¿Realizaremos de verdad nuestros planes, nuestros sueños? ¿Nos casaríamos de verdad? ¿Esperaríamos los dos? Quería decirle como me sentía y cuanto la quería. Pero, creo que ya lo sabía. Al rato, arranqué el coche y salimos rumbo al Holiday Inn donde los otros nos esperaban. A la semana siguiente, Jeanine y su familia americana salieron de vacaciones por tres semanas a Wyoming.

Ahora era agosto, Jeanine estaba en Wyoming, y yo había empezado un nuevo trabajo en el hospital de San José. Trabajé duro porque era necesario mantener ese trabajo para inmigración. La inmigración requería que yo demostrara que Jeanine no fuera a ser una carga pública del gobierno.

En mi posición de "camillero" llevaba un "busca" (beeper) y cuando las enfermeras o los médicos me necesitaban me llamaban por medio del busca. Así es que si nadie me necesitaba, pasé mucho tiempo en el salón de los médicos. El salón de los médicos estaba bien amueblado con sofás y televisores, pero nunca vi a ningún médico allí que usaba el salón. El salón estaba siempre vacio, tranquilo y quieto y siempre se tocaba una música suave al fondo. Allí es donde pasé muchas horas escribiéndole cartas a Jeanine, y allí es donde le escribí mi carta de despedida, trece páginas escritas a máquina. La carta en sí describía mis sentimientos hacia Jeanine y nuestros planes para el futuro. Le entregué la carta el día de su salida para Nicaragua en el aeropuerto de San Francisco.

Los padres de Jeanine pensaban, como muchos otros, que nuestros planes eran pura fantasía, porque yo estaba aquí y ella estaba allá y un año es mucho tiempo. Los padres de Jeanine no querían pensar que iban a perder a su hija menor.

Un sueño realizado

Hice un viaje a Nicaragua en abril durante la semana santa con el propósito de pedirles la mano de Jeanine a sus padres. Cuando llegué a Managua, Nicaragua, dos guardias subieron al avión y me dirigieron a la aduana antes de que todos los demás en el avión desembarcaran. Esto fue porque, el padre de Jeanine trabajaba para Anastasio Somoza Debayle, el dictador (o como decían los Nicas el presidente) de Nicaragua. Después de aliviar el miedo que al principio sentía por el susto que me dieron los guardias por quitarme del avión, me sentía como una persona muy importante.

En 1972, Managua fue completamente asolada por un terremoto. 40.000 personas murieron, y la ciudad nunca fue reconstruida. Toda la familia de Jeanine vivía en un lugar que se llamaba "casa colorada" ubicada en las afueras de Managua. Esta casa era la casa de veraneo. La familia perdió tres casas en ese terremoto, y todos los hermanos, hermanas, esposos, esposas, hijos e hijas, nietos y nietas se fueron a vivir en esa casa.

Fue allí donde les pedí la mano de Jeanine a sus padres. Al principio, vacilaban en dar su respuesta. El padre de Jeanine dijo que debo terminar mis estudios. Yo le dije que eso no era la costumbre en Estados Unidos – una mentira piadosa. Al rato, se pusieron los dos de acuerdo y dijeron que sí. Después de dar su consentimiento para que nos casáramos, el padre de Jeanine se recostó en su mecedora y por mucho que quería disimularlo, se le salieron las lágrimas porque empezó a darse cuenta que se marchaba su hija menor. En ese momento me di cuenta que nosotros íbamos a realizar nuestro sueño. Hubo tantas dudas y tantos temores. Siempre recuerdo esa sonrisa, esa belleza, y esa personalidad inigualable; las cuales me hicieron enamorarme de Jeanine.

Puedo seguir, pero estas cartas describen detalladamente nuestra relación, los obstáculos que tuvimos que superar. Es nuestra historia – una historia de una vida nueva que emprendemos nosotros dos. Las cartas que siguen enseñan el amor entre Jeanine y yo y los planes que trazamos juntos.



Alicia continua siendo una buena amiga. Ella es casada con un hijo y tiene un taller de pintura en la plaza mayor de Segovia.

Melba, la cubana que me ayudó también sigue siendo una buena amiga de nosotros y vive cerca de nosotros.

No comments:

 
Republican Party Blogs - BlogCatalog Blog Directory DeeperLeft member